
Cuando me doy cuenta de que no he escrito, no he leído, no he pintado y toda la actividad de relajo con un mínimo de gasto de energía esta quedando en el olvido me preocupo, porque honestamente no tengo en el año tanto tiempo para leer, ni para escribir y nada para pintar. Creo que mi creatividad se esta durmiendo a medida que entro en la adultez y sé que eso es terrible.
Así que me he leído 2 libros en menos de una semana y creo que voy para los 4, porque los Juegos del Hambre realmente me han atrapado entre sus dedos y esa es una de las sensaciones más maravillosas que hay. Ese no puedo vivir si no se cómo termina esto, donde el dormir y las comidas, las idas infaltables al gimnasio y las otras personas pasan a un segundo plano de -si tampoco es tan importante hacer todo eso-. Cuando me enganchan así los libros pienso: Si precisamente para esto es que son las vacaciones.
Y me prometo a mí misma que de esta semana tampoco pasa mi cuadro, es que ya parezco floja de lo miedosa que estoy por ponerme a pintar las caras y sé que si las termino y quedan bien, quedaré tan enamorada de ellas que deseare verlas y verlas y si me voy a Santiago no podré. Además de que tampoco podre empezar ese cuadro de Cartagena de Indias que tengo en mente desde que fui a Colombia. De escribir no puedo prometer nada, porque eso sale o no y siento que los cuentos y los poemas no volverán por un buen rato más, cuando tenga más sensaciones que esta placidez que se ha vuelto mi vida, la felicidad no da para tantas ideas geniales. Aunque al menos quiero escribir más por aquí, ya van muchos años escribiendo y sería una pena dejar que el tiempo se meta en eso. Ya me paso el año pasado que no escribí ni una entrada durante un mes por primera vez en estos casi 6 años.
También me falta salir un poco más, aunque se viene la ida a Serena en lo que creo que son mis primeras vacaciones sólo con amigos, ya que no puedo recordar otra. Lo que es curioso porque siento que estoy viajando desde hace tanto tiempo. A ver como me sientan los aires nortinos.
Creo que estoy en uno de los mejores momentos del año, no hay tantas cosas agradables como escuchar a mi mamá conversar en la cocina en su día a día de preparar el almuerzo, mientras estoy sentada aquí afuera en la terraza tomándome una coca-cola con la suave briza de concepción en este día de cielo totalmente azul y límpido, pensando en lo geniales que son las vacaciones en el sur, en mi casa de niña.
Es genial poder verlos casi todos los días, abrazarlos cuando quiero, ver a mis amigas de aquí y disfrutar en la calma.
[Feliz, de vacaciones y a punto de irme a leer
¿Qué más se puede pedir?]

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