Monday, February 27, 2012

No me digas que la naturaleza no es un milagro.
No me digas que el mundo no es un maravilloso cuento.

Fue una semana maravillosa, creo que mis primeras vacaciones sin ningún miembro de mi familia que planificara algo, sólo con la Consu y debo decir en resumen que lo pasamos demasiado bien, conocimos mucha gente y disfrutamos del hacer todo nosotras mismas. Fue una experiencia tan linda y llenadora, donde hicimos tantas cosas que no podría narrarlas ni aunque quisiera. Así que me dedicaré a expresar extractos de absoluta felicidad y plenitud y a rescatar todas esas cosas que me parecen dignas de no ser olvidadas.

Disfrute de manera increíble el cielo estrellado en el valle del Elqui, aunque no llevara los lentes, pareciera que nunca había visto un cielo tan claro donde se viera hasta el polvo de las estrellas y la inmensidad del universo pareciera tragarte, sino hubiera sido por el carrete incesante que duraba toda la noche. Disfrute conocer a tantas personas, sobre todo cuando estuvimos en hostal en Serena y tuvimos la oportunidad de conversar con gente de tantos países distintos, fue maravilloso descubrir que si podía comunicarme en ingles con ellos fácilmente y entablar una conversación - gracias mayoritariamente a la Consuelo- donde podía conocer más de Europa, sus países, sus viajes y entablar amistades con personas interesantes que han visto cosas distintas a lo que yo he vivido.

Fue extraordinario poder estar con las piernas en el tranque con el suave viento de las montañas leyendo un libro tan bueno de Marcela Serrano, poder tener esos momentos de tranquilidad que me recuerdan quien soy yo y lo que me gusta. Fue extraordinario poder bañarme en el mar y sentir las olas golpeándome y meciéndome, mientras veía a los niños jugar en la orilla por un lado y el horizonte infinito por el otro. Fue extraordinario estar secándome sobre la arena al sol - aunque después me quemé terriblemente - y sentir el ruido del mar y un libro en las manos y el sabor de un barquillo.

Fue asombroso el color del atardecer en las montañas tan cafés y despobladas en contraste con el verde de las parras, fue asombroso tomarme un jugo natural de mango y comerme unos waffles con frutas exquisitas mirando las montañas y el cielo cambiar lentamente de color. Fue asombroso poder compartir tantas horas y pasarlo tan bien, comer sushi, almorzar con franceses, tomarme una piña colada frente al mar, visitar el jardín japones y sentirme en casa. Descubrir lo mucho que extrañaba el yoga y lo mucho que necesitaba la paz y el vació mental que me da la meditación. Fue maravilloso también poder releer la Joven de las Naranjas y sentir que sí estoy aprovechando mi vida al máximo y que sólo por semanas como hoy, valen la pena todas esas noches maravillosas en las cuales no viviré. Después de todo, supongo que como yo ahora, alguien más las estará viviendo.

Creo que nada puede arrebatarme la tranquilidad, la plenitud y la felicidad de este momento, de vuelta en mi casa después de unas vacaciones maravillosas. Y nadie podrá quitarme mientras viva estos recuerdos. Así que después... después veré.
No tengo ni las más mínima prisa.


[A veces los mejores momentos de nuestras vidas,
son los que menos esperamos que sean y eso es un regalo]

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