En cierta forma soy tan afortunada de vivir la vida que vivo, con casi sin nada de responsabilidades, con algo de dinero, con independencia y autonomía propia, pero aún con una firmeza dada por mi propia familia que me soporta, como hablabamos con la Fran ayer: estamos viviendo la mejor etapa de nuestras vidas. Lo justo de responsabilidad para sentirse útil, mucha libertad, mucho apoyo y mucha mantención. Es como si ahora mismo el mundo pudiera ser nuestro y no tuvieramos que hacernos cargo de él, es la sensación más liberadora del mundo y creo que debería aprovecharla más de lo que lo hago. Ese es un pensamiento que me carcome a pesar de que siento que, yo estoy bien.
Ya se fueron 2 años de vivir en Santiago y creo que lo más lindo ha sido lo mucho que me he acercado a esta familia, porque si soy honesta conmigo misma, la verdad es que yo vivo acá en Santiago y me voy de vacaciones - en lo que considero los mejores meses del año- con mi familia más directa. Los hecho increiblemente de menos, aunque cada vez un poco menos, sobre todo porque parecieran haber tantos problemas, pero yo sé, de verdad que sé y recuerdo esas ganas que no puedo aguantar de no querer irme de Concepción nunca más. Ganas que cuando estoy acá ya ni recuerdo, porque me adapto muy rápido y lo paso muy bien, pero que siempre están. Es tan bizarro. Eso de amar tanto a personas tan distintas que igual son tu familia y tus amigos que viven en lugares separados, sabes que no puedes reunir, pero que disfrutas tanto con los dos que el tiempo pareciera no hacerse suficiente.
Creo que por fin he llegado a estar en paz con la idea de que mi corazó sirve para querer a tantas personas y realmente considerar que vivo en dos lugares tan distantes. Creo que es la primera vez que me voy de Santiago con un pequeño peso en mi corazón. A veces me gustaría poder dividirme en dos y vivir acá y allá.
[Feliz, con un corazón hinchado
de dicha y pena]
de dicha y pena]

0 voces opinando:
Post a Comment