Hay otra regla que ordena no robar, pero todos sabemos que, si escuchamos la voz de nuestro corazón, no podemos vivir a gusto con nosotros mismos tras haberle quitado una cosa a alguien sin su consentimiento. También tienen una regla según la cual debemos recordar a Dios un día por semana. No puedo creer que la Divina Unidad haya querido dejar escrito algo así. Nosotros veneramos la Divina Unidad en todas las cosas, todos los días, desde que sale el sol hasta que se pone. Es una lástima que se estén olvidando las ceremonias, los bailes y las lenguas de nuestro pueblo, pero llegarán tiempos mejores, estoy segura. Puede que tarden otros mil años en llegar -añadió en tono socarrón- pero llegarán. No debemos abandonar nuestro ensueño. Escucha, Beatrice: si vives el Ensueño, las personas que necesitas conocer vendrán a tu encuentro.
Mensaje desde la eternidad - Marlo Morgan
Hay algo verdaderamente mágico en las creencias de las antiguas tribus aborigenes australianas y cómo siempre no dejo de asombrarme por lo superiores que se creen - o se creían - los europeos, por declararse como los únicos en posesión de la verdad y pasar a llevar a todos los demás sin el menor interes en aprender nada que pueda salirse de sus marcos del bien y el mal, lo correcto y lo civilizado. Es increíble todo lo que han hecho en busca de la salvación de todos los que no eran como ellos y es increíble la cantidad de pueblos, culturas y formas de vida que han llevado casi al borde de la aniquilación, simplemente por ser incapaces de entender y ver más allá de su supuesta superioridad de su forma de vida.
Sé que mucho de esto es propio de todos los seres humanos y no algo exclusivo de los europeos, pero de alguna forma son ellos los que se las han arreglado a lo largo de los siglos para acabar o dañar mucho a los pueblos originarios de los lugares a donde llegaban. Australía, África, América, la India y muchos lugares más tienen escrito en su historia lo que sufrieron por todas estás personas que llegaron de improviso a sus tierras y naciones, declarandolas deshabitadas y tratandolos a todos ellos -si es que los consideraban personas- como ciudadanos de tercera clase sin derecho a mantener sus creencias consideradas incorrectas o demoníacas.
Mucho de esto seguro que se debía a la ignorancia y a sus propias creencias y su mala interpretación del cristianismo, y que hoy en día pasa menos, pero no puedo dejar de cuestionar la falta de amor y empatía que nos embarga a los seres humanos cada vez que nos encontramos con lo desconocido y con lo que nos atemoriza.
[Días preciosos]

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