Sunday, January 16, 2011

Lana sabía que había mujeres que trabajaban fuera de casa sin problemas. Dirigían empresas, creaban imperios y criaban a hijos felices, sanos y concienciados que iban a Harvard a graduarse cum laude o se convertían en concertistas de piano de fama mundial. O las dos cosas.
Esas mujeres hacían todas esas cosas mientras cocinaban comidas exquisitas, amueblaban la casa con antigüedades italianas, concedían entrevistas inteligentes e ingeniosas a la revista Money y a People, mantenían un estupendo matrimonio con una activa y envidiable vida sexual y nunca sobrepasaban ni cien gramos su peso ideal. Daban cenas elegantes e íntimas, pertenecían a las juntas de varias organizaciones de beneficencia y eran elegidas por unanimidad presidentas de la asociación de padres.
Sabía que esas mujeres existían. De haber tenido un arma, las habría buscado a todas, una por una, y las habría matado como perros rabiosos por el bien de la humanidad.
Ella seguía vestida con los pantalones cortos y la camiseta con que había dormido, cojeaba por la herida que se había hecho en el pie al pisar un muñeco de Anakin Skywalker mientras perseguía al perro, que había decidido que las sandalias nuevas de Lana eran más apetitosas que su hueso, y había acabado discutiendo durante veinte minutos con el fontanero que parecía creer que ella estaba dispuesta a esperar unos días a que le arreglara el váter.
Ty se había manchado con mantequilla de cacahuete, y también al perro y el suelo de la cocina, y había ahogado a varios malvados de Star Wars en la taza del váter; de ahí la llamada al fontanero. Y todavía no eran las nueve.
Quería tomar una taza de café con tranquilidad, sus bonitas sandalias nuevas y una oficina organizada fuera de su casa.
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Cita con el pasado, Nora Robert
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Buscando el placer que ya tenía prácticamente olvidado de leer una buena novela romántica, aparte de encontrar esas ganas que tenía en el pasado por seguir leyendo de estas novelas cual adicta a la cocaína, me encontré este extracto. Creo que demuestra claramente este dilema que tenemos las mujeres actuales de saber que las personas no podemos hacerlo todo, pero de creer que nosotras sí somos o seremos -si nos esforzamos mucho- la dichosa excepción.
Mentira.
Pero no logramos que eso se nos meta en la cabeza, porque de alguna manera terminamos pensando que tenemos que tener una carrera, si no existosa económicamente al menos que nos haga sentir autorealizadas, unos hijos bien criados, una casa bien llevada y, si tenemos, una relación de pareja saludable o al menos relaciones sexuales satisfactorias. Y eso sin dejar de lado la preocupación por no perderse a uno mismo en la rutina.
Dicho así parece una estupidez, y nadie con un poco de lógica pensaría que fuera factible llevar a cabo todo esto con el mejor resultado esperado en cada una de las partes, pero he ahí donde terminamos o mirando desesperadas sin saber por qué escoger o creyendo semejante mentira moderna.
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La verdad es que hay que saber encontrar un equilibrio y pensar muy seriamente que es lo que una verdaderamente quiere y hacer lo mejor posible por lograrlo, sin dañar a otros en el camino.
Trabajar, tener hijos y llevar una casa, puede volverse una tarea increíblemente agotadora y hay que intentar manejarlo lo mejor posible, sabiendo que hay momentos y cosas a las que habrá que renunciar o posponer.
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[Supongo que la vida
es un tira y afloja]

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