Sunday, November 07, 2010

La elegancia del erizo

Lleva cuatro años dando vueltas por el mundo y yo lo veo desde hace dos en las librerías de este país. ¡Pero es que la reseña no le hace justicia! Si se ve interesante, pero todos los libros se ven interesantes para mi y el tiempo no alcanza para leerlos todos. Mí tía lo tuvo en sus manos hace un par de meses, pero a mi no me intereso lo suficiente para hacer un esfuerzo, vi que hicieron una película y que se iba a aparecer por los cines chilenos algún día. Y decidí que se estaba acercando la fecha de leerlo, así que lo descargue. El domingo pasado llegué hasta casi la mitad, hasta que los estudios me reclamaron y desde ahí he estado tratando de robarle ratitos a mi día hasta terminarlo.
Creo que era un libro para masticarlo a pedacitos. Después de terminar por leerme el final inesperado buscando el encuentro de dos personajes tan interesantes, no se ha apoderado de mi la prisa por saber, que da el ya saber y he podido disfrutar esa delicia de frases tan hermosamente construidas y tan hermosamente significantes. Son las frases para las que el lenguaje existe.
El libro es algo curioso, se va armando de retazos de vida que no siempre capturan tu atención porque son especialmente cotidianos. No me sentí atrapada por el libro, pero eso no fue algo malo. Me permitió disfrutarlo mientras lo leía y rescatar esas cosas que lo hacen tan maravilloso. Esos párrafos llenos de sentido, de los cuales ya he seleccionado muchos para guardar especialmente en mi computador y es que, que manera de decir verdades de una forma tan enredada, irónica y hermosa.
Leyendo algunos comentarios me he dado cuenta que un buen porcentaje de personas se quejaban de los pesado y difícil que era el libro de leer, honestamente me sentí tan orgullosa de mí misma por no haber considerado ni por un minuto que era así, ni si quiera cuando se me volvió a aparecer Husserl. Quizás es porque también se leer entre líneas, y que no es necesario saber todo lo que sale en el texto o conocer todas las referencias que hace, para entender lo que esta tratando de decir. Y por otro lado esta tan lleno de pequeños momentos conmovedores.
La soledad de los personajes nunca llegamos a percibirla completamente los lectores, porque te las muestran como dos almas gemelas destinadas a encontrarse, un encuentro que me llevó a leerme hasta el final del libro por buscar, pero tú sabes que va a ocurrir y no aguantas las ganas por saber como ellas van a interactuar. Y todo queda en tanta sutileza y sobreentendidos.
Es hermoso ver como Renée deja caer sus miedos y se atreve a disfrutar de la compañía de alguien más. Y es infinitamente triste ver como todo acaba cuando estaba comenzando, porque así también se pasa la vida. Todos querríamos volver a tomarnos una última taza de té de jazmín.
Y el dolor, el dolor de tener que quedarse cuando una llama se apaga. Cuando falleció mi abuelita yo me hice la misma pregunta de Paloma, sólo que no tan elocuentemente.
Entonces, ¿es así? De golpe, ¿todos los posibles se apagan?
Ese significado de la palabra nunca que usamos tantas veces durante todos los días, pero que no llegamos a comprender hasta que alguien que quisimos murió.

Ha sido una delicia.
Ha sido una de mis camelias de este año.
Y es que no se me olvidaran las camelias nunca más en mi vida.

¿Qué guerra es esta que combatimos, seguros de nuestra derrota? Aurora tras aurora, extenuados ya de todas las batallas que aún están por venir, nos acompaña el espanto del día a día, ese pasillo sin fin que, en las horas postreras, será nuestro destino por haberlo recorrido tantas veces. Sí, ángel mío, así es el día a día: tedioso, vacío y anegado en desdicha. Las calles del infierno no le son en nada ajenas; uno acaba allí un buen día por haber permanecido en ese pasillo demasiado tiempo. De un pasillo a las calles: entonces acontece la caída, sin sacudidas ni sorpresas. Cada día, volvemos a experimentar la tristeza del pasillo y, paso tras paso, seguimos el camino de nuestra lúgubre condena.
¿Vio él las calles? ¿Cómo se nace después de haber caído? ¿Qué pupilas nuevas sobre ojos calcinados? ¿Dónde empieza la guerra y dónde cesa el combate?

Entonces, una camelia.

Hay que buscar los siempres en los jamases, las camelias en los campos de batallas.


[De este verano no pasa Tolstoi]

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